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COGNIMISENCIA

 

El incienso arde lento, extenuado, divagante; insinuante sus volátiles curvas que me incitan y me apaciguan. 

Es sórdida la calma, incluso desgarradora, pues cuando nos hemos acostumbrado al destructor clima social que se palpa en el ambiente, después de todo lo que transcurre y discurre en un día de nuestras vidas; aun nos resistimos a callar, a oírnos un poco a nosotros mismos y ver que es lo que nuestra ALMA pide.

Hemos olvidado a escuchar, pero no sólo a los demás, sino a nosotros mismos, a Dios.

Esta noche nadie más la puede compartir, aunque estuviera rodeado de la mayor muchedumbre del mundo, esta noche es sólo mía, mía y de mi Alma.

He decidido darme un homenaje esta noche, pero no un homenaje a mi cuerpo, a mi ego o a mi imagen, sino a mi Alma. Porque esta noche es ella la que nace y renace, porque traspasando las barreras del ego y de las convicciones morales, trasgrediendo las ideas que nos esclavizan, es ella la que NACE. Porque sólo Ella, conoce esta noche de colores, de sonidos, de olores, de percepciones... 

Hoy arde, y es en compañía de tres velas, porque dicen que las llaman iluminan más si están juntas. Cierto que con ellas escribo estas líneas y también es cierto que con ellas acabaré. 

Hoy el tiempo se mide por barras de incienso, dejemos atrás los relojes, las prisas, los horarios, el día o la noche; bastante atrapados estamos ya, bastante prisión la carnal como para imponernos un horario, unas rutinas. 

Satisfacemos nuestra existencia material pero ¿y que hay de nosotros?, de ese Yo que clama en nuestro Interior. Nunca le damos rienda suelta por miedo a que no sepamos controlarlo. Unos lo llaman locura -que sabrán ellos- otros lo llaman esquizofrenia -estos si que saben menos-, yo lo llamo COGNIMISENCIA, es hallarse a uno mismo y aprender a escucharse, a saber vivir en armonía con la voz interior: la Conciencia.

 

OIGAMOS PUES, LO QUE NOS OFRECE